Cambiar de dirección no implica cambiar de
decisión, y la clave está en seguir manejando el timón, porque sabemos
que donde no hay dirección, habrá deriva.

Gabriel Hdez. Guillamón

 

Sólo un pequeño porcentaje de personas que trabajan está contenta con lo que hacen, ya sea por sus ingresos, tiempo que les dedican, lugar geográfico de su trabajo, tipo de actividad y un sin fin de razones de la más variopintas, incluyendo el conformismo. No suele haber cambios cuando lo que venimos haciendo es algo que nos satisface y nos llena.

Sin embargo, cuando aparece como pensamiento recurrente la idea de plantearnos un cambio sustancial en nuestra vida, seguramente estamos insatisfechos con lo que hacemos.

Debemos estar suficientemente incómodos con nuestra situación para movernos de nuestra zona de confort, esa zona conocida y que supone nuestro modo de vida, nuestro status quo y que, con frecuencia, no tiene nada de confortable.
Sólo cuando esa situación se nos hace insoportable y entramos en crisis se crean atmósferas de posibilidad para que se produzca un cambio.

El músico Peter Gabriel, en su tema “14 cuadros negros” (US-1992), lo expresa más o menos así:

Desde el dolor viene el sueño
Desde el sueño la visión
Desde la visión vienen las personas
De las personas viene el poder
De este poder viene el cambio.

Una vez decididos por el cambio, lo primero que procede es definir nuestra visión: qué es lo que queremos hacer y conseguir: más tiempo libre, posición, relaciones, otra casa, una segunda residencia o ayudar a otras personas a llevar una vida mejor.

Primeramente, tenemos que reflexionar sobre nuestra situación actual, siendo objetivos, fríos y asépticos con el análisis para así diseñar un plan de acción realista, basado en objetivos concretos.
Hecho esto, define tu situación ideal, adónde quieres ir a parar. Con todo lujo de detalles. Qué quieres lograr y por qué.

Identifica los obstáculos, que a buen seguro los habrá, en el camino de lograr los objetivos. Aquí debes ser crítico, e igualmente frío y aséptico de nuevo, sin emociones, sin menospreciar ningún aspecto pero sin magnificar los problemas, no haciéndolos más grandes de lo que son pero afrontando los retos y con la habilidad necesaria para superar los inconvenientes.

Todo logro implica trabajo duro, pero fracasar es mucho, mucho más duro.
La disciplina produce sufrimiento, pero es mucho peor el dolor del arrepentimiento.

La falta de medios, de tiempo, de formación o dinero pueden ralentizar inicialmente la acción, pero no impedirla. No puedes entonces parar y sobre todo, piensa que sólo pierde quien se rinde. Es algo que no te puedes permtir.

Debe haber siempre presente un deseo ardiente, un anhelo de cambio. Hemos construido un plan, un mapa que nos muestra el camino, pero que por sí sólo no nos llevará al destino. Y por supuesto, debes creer firmemente en lo que haces.

Sólo nos queda un último paso: pasar a la acción. La acción vence al miedo. La acción te da la habilidad. La habilidad, hábito y el hábito nos conduce al éxito.

© 2.018 Gabriel Hernández Guillamón

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