Hay que soltar las ataduras,
ese lastre limitante de culpabilidad y dolor
para poder vivir el presente con intensidad.

Gabriel Hdez. Guillamón

 

La industria del cine nos ha dejado grandes enseñanzas. El séptimo arte es una fuente de crecimiento y de inspiración. Basados en hechos reales o en la ficción, podemos aprender en gran medida de sus incontables moralejas.

Además, todos recordamos algún hecho vivido en una película que nos hizo replantearnos una situación o incluso producir un cambio sustancial en nuestra forma de ver un aspecto concreto de nuestra vida.

Una de esas películas que me impactó en su día y que confieso haber visto repetidas veces es La Misión, con Robert de Niro, uno de mis actores preferidos.

En su papel, Rodrigo Mendoza trata de redimirse de un error grave, un suceso trágico, un crimen pasional en el que la víctima es su propio hermano, muerto a manos de aquél.
Encuentra el modo de pagar sus culpas, pero se empeña en no olvidar el pasado, y ésta es la clave que quiero mostrar en este artículo.

Sabemos que la vida se va perfilando y toma forma en base al sustrato que lo componen todas aquellas vivencias, experiencias y acontecimientos. Van dejando una impronta en nuestro YO, y el resultado final de lo que somos estará modelado y condicionado por todo ese bagaje.

Cuantas actitudes limitantes condicionan nuestra vida. Y muchas de ellas proceden del pasado, o mejor aún, de la forma en que enfrentamos ese pasado. Nos pasamos demasiado tiempo a veces anclados en algo que no podemos cambiar, no podemos traer al presente un hecho y modificarlo para darle entonces la solución final una vez que sabemos las consecuencias.

Esa actitud conduce a la depresión, siendo numerosísimas las personas que sufren por ello en esta sociedad moderna.

Darle vueltas a un asunto, pensando que se podía haber hecho de otro modo, o que la decisión que tomaste fue equivocada nos lleva a pensamientos circulares causando profunda tristeza.

Las acciones, omisiones o decisiones que tomaste tiempo atrás, las tomaste en base a los elementos que tenías a mano y que barajaste; los condicionantes del momento, tu experiencia de entonces, los factores externos…

El remedio, en teoría es sencillo: vive en el momento presente y olvida lo que ya pasó, que no volverá y que no puedes cambiar. Lo que importa realmente, es QUÉ camino quieres tomar hoy, qué quieres hacer de hoy en adelante y no mirar atrás.

No podemos vivir arrastrando la pesada carga de tus circunstancias pasadas como hace nuestro protagonista en el largometraje.

Tu eres tú, un ser único e irrepetible y, además, TU NO ERES TU PASADO.

Deja de luchar por lo que no puedes cambiar y canaliza tu energía de modo positivo y enfócate fuertemente en las metas por las que sueñas y que vas a conseguir.

 

© 2.018 Gabriel Hernández Guillamón

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