Son tres las cosas que le diría a un equipo para ayudarlo a mantenerse
unido: Cuando algo resulta mal: yo lo hice.
Cuando algo resulta más o menos bien: nosotros lo hicimos.
Cuando algo resulta realmente bien: ustedes lo hicieron.

Paul “Bear” Bryant.

 

Se cuenta que a principios del siglo pasado, se encontraba un grupo de obreros preparando bloques de piedra en una cantera de extracción, cuando un observador del proceso de trabajo y con motivo de una visita a la zona, entabló conversación con trabajadores e hizo algunas preguntas y, la más obvia, consistía en querer saber qué estaban haciendo exactamente.

Por lo general, la respuesta era casi siempre invariablemente la misma: ya puede usted ver: aquí… ¡picando piedra! Lo que llamó poderosamente su atención fue la respuesta de uno de ellos: como usted observará, ¡estamos construyendo una Catedral!

Todos por igual estaban bajo unas condiciones de trabajo de lo más duras, trabajo físico intenso, inclemencias climatológicas, frío extremo en ocasiones, calor abrasador en otras… Sin embargo, un hecho diferenciador se pone de relieve en tan sabia y profunda respuesta, una cuestión definitiva para afrontar cualquier cometido en la vida: la ACTITUD  y el espíritu de trabajo en equipo. 

Todos tenemos la experiencia de tropezar con obstáculos en el desarrollo de nuestro quehacer diario. Es normal, la vida y, nuestro proyecto también, no están exentos de dificultades. No podemos elegir lo que nos pase, pero sí decidir cómo sentirnos y cómo gestionar el hecho.

Un equipo de trabajo comparte un sistema de valores que crean sinergias. Es fundamental que este sistema integre valores como la generosidad, el compromiso, la humildad el entusiasmo y la confianza. El rendimiento vendrá determinado como resultado del producto del talento individual y los valores del equipo. Además, necesitaremos un sistema de trabajo en constante revisión, un alto grado de motivación. Por último, nos queda liderar y dirigir nuestro equipo de trabajo.

Liderar es provocar la transformación en un grupo de personas haciéndoles ver la grandeza de lo que pueden llegar a ser. Es mantener la integridad en el equipo, pues esa  hegemonía  de conjunto, pasado un tiempo, puede verse amenazada.

Cuando alguien habla desde su  posición dentro de la estructura para hacer valer su opinión por encima de otros con el sólo argumento de su cargo en el equipo, no atendiendo a opiniones documentadas, está sacudiendo el edificio.

Cuando alguien menosprecia a personas que no obtienen los resultados esperados después de un tiempo, está removiendo sus cimientos. Cuando alguien se refiere a su estructura llamándola “mi equipo“, con sentido de propiedad, está dando una patada al sistema. Tú no tienes un equipo, el equipo te tiene a ti y tú, como líder, te debes a él.

Somos constructores porque desarrollamos proyectos incorporando a nuestro equipo de trabajo nuevos colaboradores. Capital humano en definitiva, que permite la conquista del objeto de la empresa. Con cada uno de ellos, vamos agregando nuevos bloques, que colocados de la forma adecuada, darán forma a esa Catedral.

Bloques individuales, unitarios e independientes, pero igual de valiosos si permanecen unidos. No importa que se encuentren en los cimientos donde no se ven, o coronando la más bella de las cúpulas. Todos iguales en sus propiedades, diferentes y únicos como individuos, pero igual de imprescindibles.

Hay que preparar, entrenar y capacitar cada bloque con especial cuidado, todos te harán falta, especialmente los que forman los cimientos de tu proyecto. Copia, modela a los que te preceden y han conseguido el éxito. Sin duda no han descuidado los detalles que te menciono. Debes ser buen constructor. Por lo tanto, diseña tu plan de acción. Has de ver el Edificio terminado antes de empezar.

Planifica tu meta y define, siendo realista, el tiempo que necesitarás para tu proyecto.

A base de amontonar piedras no vas a construir una Catedral.

 

© 2.018 Gabriel Hernández Guillamón

 

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