Desde que surge la idea que alimenta una iniciativa emprendedora, hasta alcanzar los primeros objetivos, hay un recorrido arduo, tedioso, y la mayoría de las veces tan duro y peligroso como atravesar un verdadero Campo de minas.

Dificultades y tropiezos que nunca tuvimos en cuenta cuando se sentaron las bases del proyecto. Inconvenientes y desafíos que son verdaderas minas que podemos pisar durante el recorrido, haciendo saltar por los aires todo el esfuerzo dedicado hasta ese momento.

Cosas que nunca nos contaron, pero que están presentes casi siempre. Campo de minas con algunas de esas minas enterradas nosotros mismos sin darnos cuenta cuando nos dejamos llevar por la ilusión y la emoción iniciales, habiendo dejado de ser objetivos y pragmáticos cuando se hacía obligatorio. Podemos recordar algunos ejemplos comunes y de sobra conocidos:

  • La idea genial: todo un clásico, ya que una idea buena u original en sí misma, no es un negocio ni garantiza un mercado ni tampoco resultados.
  • El plan de negocio, o business plan: algo, por lo general, a lo que se dedica mucha energía, medios y presupuesto, delegando su elaboración a “expertos” en diversos campos, pero que no conocen el sentido último ni la filosofía de la iniciativa, como tampoco suelen estar comprometidos con el proyecto, sobre todo económicamente.
  • La subvención: basar el éxito y la supervivencia de un proyecto en ello, es garantía de corta vida.
  • El presupuesto: por lo general, calculado en base a resultados inmediatos, sin dar tiempo a que nuestra propuesta madure y cale en nuestro público objetivo.

Cuando ya creemos que lo tenemos todo casi armado y queremos iniciar nuestra andadura, nos queda lidiar las cuestiones burocráticas y formales, jurídicas y legales, fiscales y financieras.

Estas otras minas suelen estar más escondidas y en un campo de minas con mayor densidad. He aquí algunas:

  • La licencia municipal de apertura. Puede convertirse en una pesadilla para tu negocio, porque si se trata por ejemplo,  de una actividad molesta, insalubre, nociva o peligrosa, (hay muchas que lo son) lo que no te explican es que probablemente, nunca te den la licencia definitiva, pudiendo estar años tu expediente en trámite, dormido en un cajón (aun habiendo pagado las tasas y presentado los proyectos), de modo que si ocurre un accidente puedas tener un serio problema por estar ejerciendo la  actividad sin licencia.
  • Te puedes ver pagando el alquiler de un local comercial durante meses por los retrasos burocráticos hasta la apertura de un local físico, teniendo que asumir incrementos de las partidas presupuestarias iniciales.
  • Puede que hayas obtenido algún tipo de subvención y acabes devolviéndola al cabo de un tiempo con intereses, por haber incumplido algún compromiso formal de la misma pasado un tiempo, y en el que no reparaste en su momento.
  • Vas a comprometer tu economía personal y tu patrimonio al buscar financiación casi con toda seguridad, por lo que pueden darse situaciones futuras en las que te veas seriamente amenazado por ello.

Ante todos estos ejemplos y situaciones, puedes buscar ayuda y comprensión institucional, aunque con frecuencia, descubrirás que será escasa o nula. Históricamente, los autónomos y empresarios hemos sido ignorados por los distintos gobiernos, aunque siempre hayamos sido incluidos en sus programas electorales, y será bueno por ello, que seamos realistas, porque teniendo presente a qué nos enfrentamos, tendremos más posibilidades de éxito y resultados para nuestra iniciativa emprendedora.

Sabiendo que el terreno que pisamos puede ser un auténtico campo de minas y aprendiendo a sortear estas minas, podemos convertir la experiencia de poner en marcha nuestro proyecto en todo un camino de crecimiento.

Ten en cuenta que el gran amor y los grandes logros requieren grandes riesgos. Dalai Lama.

 

 

© 2.020 Gabriel Hernández Guillamón

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